viernes, 10 de enero de 2025

Se cumplen 210 años de la Batalla de Guayabos.

 





Después de la reorganización del ejército por el coronel Soler el 16 de diciembre de 1814, la 1ª división del coronel Manuel Dorrego, antes de marchar hacia el Norte, permanece en San José algunos días dando descanso a sus tropas, reorganizándolas, proveyéndose de munición, caballos, etc., para estar en condiciones de emprender este nuevo avance, en situaciones tan difíciles como desventajosas, por el desconocimiento del terreno, y tener que actuar con una población completamente hostil, con tan pocos efectivos, entre los que había tantos europeos destinados, pues para esta campaña, se calculó con la cooperación de las tropas argentinas existentes sobre la margen derecha del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos.


 


El coronel Dorrego con su división partió de San José el 21 de diciembre a las 2 de la tarde, marchando por las cuchillas Grande del Oeste, acampando el día 27 en las puntas del arroyo del Perdido, próximo al paso de la Calera de Peralta.


 


Al día siguiente cruza el arroyo del Perdido y se dirige hacia el río Negro, por el paso de Vera, a pesar de la fuerte resistencia que le ofreció Lavalleja, jefe de la vanguardia de las fuerzas de Rivera (las fechas exactas y campamentos diarios hasta el río Negro son poco conocidos por haber perdido el coronel Dorrego el diario de marcha durante el combate de Guayabos (o también llamado combate de Arerunguá).  Tres leguas antes de llegar al paso de Vera, el coronel Dorrego destacó al teniente coronel Vargas, con ciento cincuenta hombres, para que marchara hasta Vegueló, y reconocer hasta las inmediaciones de Mercedes, pues según informes recogidos sobre la marcha, se decía que en este pueblo existían algunas fuertes partidas enemigas.  Se comprobó la inexactitud de esos informes, pero el reconocimiento no dejó de producir algunos beneficios, pues se recogieron de paso algunos caballos.


 


Otro destacamento con igual número de tropa se destacó hacia el paso de Yapeyú, situado sobre el mismo río Negro.


 


Este paso se encontraba ocupado por Artigas, con las milicias de Mercedes y Soriano, las que al ver llegar a los nuestros, abrieron un fuego vivo, el que fue contestado de inmediato, en un combate que duró, desde las dos de la tarde hasta muy entrada la noche, ocasión que aprovecharon las fuerzas adversarias para emprender la retirada.  Cuando supo el coronel Dorrego de la resistencia que ofrecían estas milicias al paso de los nuestros por Yapeyú, se dirigió con el resto de la división sobre el paso de Vera, donde también se trabaron en combate por la defensa del paso, pero fueron prontamente desalojados de su posición defensiva, franqueando el obstáculo el día 29, y por más que se trató de cortar la retirada a las milicias de Mercedes y Soriano que ofrecieron resistencia en Yapeyú y que se dirigían por el paso de los Cobres, ésta no pudo lograrse por su rápido alejamiento del lugar y otras circunstancias.


 


En este día (el 29) se tomaron dos carretas con familias y se interceptaron unos oficios de Artigas, Otorgués y Fructuoso Rivera, por los cuales, se enteró el coronel Dorrego del plan de operaciones del adversario, que consistía en retroceder con la mayor parte de sus fuerzas, para incorporarse con las de Blas Basualto (Blasito), en las proximidades del paso de Mercedes, más al norte de Belén, dejando en observaciones a la división de Fructuoso Rivera, las milicias de Mercedes, Soriano, Paysandú (Sandú), etc., y una parte de los Blandengues, con el propósito de hostilizar a la División Dorrego, hasta que ésta llegara a Belén.  El coronel Dorrego durante los días 27, 28, 29 y 30 y posteriormente lo hizo tres veces más, se dirigió al coronel Hortiguera, solicitándole que lo apoyara y auxiliara con su división en este trance, pero no obtuvo ninguna ayuda, pues dicho coronel avanzó desde San José hasta los Porongos, muy distante de donde se encontraba el coronel Dorrego, regresando después de Arerunguá, nuevamente al punto de partida, San José.


 


Como el día 30 no llegara el coronel Hortiguera, y el coronel Dorrego dudaba de que éste le fuera a prestar auxilio, le ordenó al teniente coronel Viera, que se le incorporara a la división, al mismo tiempo pidió al coronel Viamonte, que se encontraba en Concepción del Uruguay, desempeñando en esa fecha las funciones de teniente gobernador de la provincia de Entre Ríos, que lo auxiliara con quinientos caballos, y con ciento cincuenta hombres hijos del país, y de un cañón, a más de los cien hombres del comandante Viera, que se encontraban en Paysandú.  Durante cinco días consecutivos mandaba frecuentes chasques al coronel Viamonte reiterando su pedido, y recién cuando la división llegaba al Potrero de Queguay (31 de diciembre) recibió una contestación nada alentadora del coronel Viamonte, rehusando el auxilio bajo varias fútiles protestas, y a la vez le transmitía una orden que poseía del Supremo Gobierno, en que se le ordenaba, que los hijos del país que se encontraban a órdenes del coronel Valdenegro, podía disponerlos el coronel Dorrego en ausencia del coronel Soler.  De acuerdo con esta orden que tenía Viamonte, volvió Dorrego a despachar otros cuatro chasques sucesivamente, reiterando otra vez más, el auxilio de cien o ciento cincuenta hombres y de cuatrocientos caballos, sin haber logrado el envío ni siquiera de un solo hombre. La mala voluntad del coronel Viamonte influyó perjudicialmente sobre el éxito de esta campaña.


 


La división permaneció en el Potrero de Queguay, durante ocho días a la espera de los refuerzos solicitados, pero solamente se incorporó el teniente coronel Viera con cincuenta europeos, pues el cañón y los cien hombres más en auxilio que debía traer este jefe, quedaron en Paysandú, en espera de la orden de marcha que debía impartir el coronel Viamonte, y como no la dio, allí quedaron esos cien hombres, hasta después de ser batido Dorrego.  El coronel Valdenegro había hecho múltiples gestiones ante el coronel Viamonte para cruzar el río Uruguay, y concurrir en auxilio de Dorrego, pero Viamonte no se lo permitió, con diferentes pretextos y reproches inverosímiles y en esta situación, Dorrego resolvió avanzar a Arerunguá con la esperanza, de que Valdenegro que con sus fuerzas se encontraba en Entre Ríos, se le pudiera unir por el Salto.  Por otra parte, en el Potrero del Queguay, empezaba a escasear el pasto, y se estropeaban de los bazos las caballadas (mal del bazo).  Antes de iniciar la marcha, se mandaron a tres personas por distintos caminos, para informarse, si el adversario se encontraba en Arerunguá, los que al regresar informaron en igual tenor, de que no había persona alguna en esos parajes, pues las tropas enemigas se habían retirado por el camino de Mataojo hacia Mercedes.


 


Durante la permanencia en el Queguay a las puntas del Arerunguá o Cañada Honda, media legua distante del paso de los Guayabos, la 1ª división empleó tres días de marcha (días 8, 9 y 10 de enero de 1815) en recorrer esta distancia, y el teniente coronel Viera, que este día marchaba con treinta hombres al frente de la columna como vanguardia, comunicó que antes de llegar al paso de Guayabos, se encontraba una fuerza como de cincuenta hombres, pertenecientes al escuadrón de Lavalleja, que con el resto del efectivo de esta unidad, guarnecían los pasos de las picadas.  En el acto Dorrego pasó a reconocer al oponente, ordenando que las tropas que se encontraban acampadas en la Cañada Honda ensillase y marchasen hacia aquel punto.  Dorrego, desde una altura próxima al paso observó que en las colinas inmediatas del otro lado del obstáculo, se encontraban dos divisiones enemigas, sin lograr ver, las que se encontraban en el bajo detrás de las colinas.


 


Con las tropas de la vanguardia, acompañado de los tenientes coroneles Vargas y Viera, Dorrego hizo retroceder al escuadrón de Lavalleja, tanto en el paso como en los de las picadas, manteniéndolas en su poder hasta la llegada de la división, a eso de las 12.30 horas, la que llegó al lugar, a la hora y media más o menos desde que se le dio la orden de incorporación.


 


Como consecuencia de este primer encuentro, la división tuvo cuatro heridos, y la pérdida de algunos caballos, en cambio el adversario tuvo muchas más pérdidas, pues se presentaba a cuerpo descubierto y apelotonados.


 


Dorrego franqueó el paso con cuarenta Dragones de la Patria, haciendo replegar a las guerrillas sobre las divisiones que se encontraban formadas en las alturas de la loma, como a cuatro cuadras del paso, y en el siguiente orden: 400 blandengues al centro, con el caballo de la rienda, seguramente para combatir a pie, frente al paso había un corral de piedras, ocupado por unos 50 milicianos, en los costados los escuadrones de los capitanes Ledesma y Llanes a caballo, en el centro y a retaguardia, tenían también una pieza de a dos, servida por unos 60 a 80 negros y un esmeril, las milicias de Paysandú, Mercedes, y Soriano, en segunda línea a retaguardia del centro, pocos metros a retaguardia del escuadrón Llanes (flanco derecho del oponente), una compañía de blandengues a caballo, al reserva constituida por 300 blandengues pie a tierra y con el caballo del diestro, a órdenes del comandante Rufino Bauzá, se encontraba en una hondonada, a retaguardia y detrás del ala izquierda enemiga la que no fue vista, por estar bien oculta detrás de las primeras lomadas.


 


Después que la división cruzó el paso de Guayabos, Dorrego ordenó echar pie a tierra a la infantería dejando 50 criollos a caballo de reserva.  Formó su línea en el orden siguiente: los 200 hombres del Regimiento sobre el costado derecho; a continuación extendiéndose a la izquierda el Nº 3, la pieza de a 4, y los Granaderos de Infantería, sobre el ala izquierda, los Dragones de la Patria.  El capitán Julianes con 40 hombres del Nº 3 recibió la orden de apoderarse del corral, lo que realizó brillantemente, después de una reñida lucha, aunque con bastantes pérdidas por ambas partes.  La caballería enemiga del ala izquierda, trató de retomar el corral, pero el Regimiento con el teniente coronel Zapiola al frente, concurre en protección del valiente capitán Julianes, actitud que paraliza a la caballería enemiga, que se mantiene alejada a prudente distancia.  En seguida, Dorrego hizo avanzar toda la línea de frente, mandando una guerrilla de los Dragones de la Patria, para que el adversario no flanquease su línea en su ala izquierda, ya que la del oponente era más extensa, pues tenía como mil hombres desplegados en primera línea, y la división Dorrego, sólo contaba con setecientos en formación, y más de cien distribuidos entre los cuidadores de la caballada, custodia de las municiones y guardia en el paso.


 


Al avanzar la infantería de la 1ª división, retroceden los tiradores adversarios, dejando en descubierto al cañón y al esmeril los que abren fuego, conjuntamente con los tiradores que abren el fuego a una distancia de 180 metros.  El cañón de a 4 de la división, en el primer disparo se inutilizó enteramente “haciéndose mil pedazos toda la cureña”.  La infantería recibe la orden de hacer alto, y repeler por el fuego la agresión enemiga.  Sobre el ala izquierda (donde Dorrego previniendo un envolvimiento por parte del adversario, había mandado a 50 Dragones de la Patria para que actuaran en guerrilla) los Dragones paralizaron un ataque de parte de la caballería enemiga situada sobre el ala derecha, la que tuvo que retroceder al punto de partida al iniciar la carga.  A los primeros tiros de la infantería de la primera división, un sargento del Nº 3 con unos 60 hombres europeos, poniendo dos pañuelos blancos en las bayonetas, se pasaron al otro bando, y el sargento Ríos de los Granaderos de Infantería, ejecuta una acción igual acompañado por un grupo de unos 20 más de los mismos.


 


Al hacer unos amagos de carga por parte de la caballería enemiga, siendo aproximadamente las 16.30, el coronel Dorrego ordenó la carga a su caballería, pero la enemiga ejecuta intencionalmente una retirada, y nuestra caballería al llegar próxima al bajo, es sorprendida por un vivo fuego de los blandengues de Bauzá, que se encontraban en la hondonada próxima al lugar del combate, vacilan sorprendidos un instante, y son cargados por toda la caballería de Rivera, la que logran rechazar y perseguir un trecho a la nuestra.  Dorrego trató en vano de reanimar a las tropas y hasta él mismo cargó al frente de la reserva, pero no pudo restablecer el equilibrio de la situación, pues ya se había producido el entrevero con nuestra infantería y caballería, luchándose cuerpo a cuerpo con una desventaja numérica desproporcionada.  El valor personal de los jefes que al frente de pequeñas fracciones, cargan y logran contener a la caballería oriental, permiten a la infantería reorganizarse y romper nuevamente el fuego, obligando a los blandengues y milicianos orientales a retroceder hasta ponerse fuera del alcance del fusil, pero éstos se reorganizan, y echando pie a tierra, inician de nuevo el combate a pie, apoyados por el cañón y el esmeril.


 


La infantería debilitada por la deserción de los europeos pasados, que en el entrevero aumentaron en mayor proporción, y ya penetrado por el claro dejado en las filas por los pasados, se fue replegando a los pasos a las 6 de la tarde por orden del coronel, antes de que el oponente los hubiera ocupado, para continuar desde allí la lucha, pues Dorrego mantenía aún la esperanza, de que llegaran los refuerzos procedentes de Paysandú, que había solicitado con anterioridad insistentemente a Viamonte.  Mientras la infantería ya montada se dirigía a ocupar los pasos, el Regimiento y los Dragones de la Patria, tuvieron con sus guerrillas,  que impedir a la caballería adversaria, se precipitara sobre los pasos, lo que hubiera transformado a la retirada en un completo desbande.  El oponente se acercó a los pasos a eso de las siete de la noche, abriendo el fuego de fusilería, al mismo tiempo que usaba el cañón y el esmeril.  En el paso volvieron a pasarse otros europeos en número mayor de veinte.


 


No obstante, el adversario momentos antes de obscurecer, logró forzar los pasos, pero los nuestros se encontraban ya en línea de batalla en lo alto de una loma, esperando a que se reuniesen los aun dispersos.  Se designaron algunas guerrillas para contener al bando oponente, mientras el resto se dirigía al Potrero del Queguay, donde los jefes pudieron reunir durante el día 11 a cuatrocientos hombres, entre éstos muchos oficiales.  Ya entrada la noche del día 10 se oyó el toque de reunión en el campo adversario, y sólo algunas pocas partidas siguieron a las fuerzas argentinas, más con el propósito de aprehender a los oficiales que a combatir.


 


Desde el Potrero de Queguay, el coronel Dorrego con sus fuerzas, se dirigió a Paysandú, lugar al que llegó también Zapiola y el mayor Cortinas, trayendo a cuarenta hombres, con la esperanza de que algunos de los dispersos se hubieran incorporado a las otras dos divisiones, pues muchos tomaron por grupos la dirección de San José y Montevideo.


 


Dorrego apreció que las pérdidas del oponente, entre muertos y heridos, fue el triple de las propias, y que la mayor prueba la aducía, no sólo en las bajas, sino en el desorden y confusión que se produjo entre ellos durante el último ataque que llevaron ya de noche, que los dejó en tan mal estado, que no obstante saber el adversario, que la división patriota se encontraba casi de a pie y con pocos efectivos, no se animaron a perseguirlos ya que por el mal estado de sus cabalgaduras, tuvieron que marchar a pie, llevando sus caballos de las bridas hasta la llegada a Paysandú.


 


Las pérdidas propias no pudieron apreciarse en los primeros días sino aproximadamente, y así se habla de diecinueve heridos incluso el teniente Lima que marchaba en la columna, calculándose entre cincuenta a sesenta muertos.  Del Regimiento faltaban treinta y dos granaderos, y los alféreces Barros y Peña, del Nº 3 faltaban el teniente Paz, el alférez Pierez y 123 hombres, incluso los pasados.  De los Granaderos de Infantería, faltaban los capitanes Conge, Celis, los tenientes Martínez, Moreno y 103 hombres.  De los Dragones de la Patria, el capitán Lima y 60 de tropa.


 


El coronel Dorrego, terminaba el parte recomendando a los tenientes coroneles Zapiola, Vargas y Viera, sobre todo a Vargas, recalcando que durante la acción, desplegó un valor extraordinario.  Incluye en la recomendación al capitán Arias, teniente Suárez, Lavalle y al cadete Hidalgo, todos pertenecientes al Regimiento.  Del Nº 3, al comandante de guerrillas, capitán Julianes, al mayor Ibarrola y ayudante Virnes.  De Granaderos de Infantería, a los capitanes Conge, Celis y teniente Martín y al capitán Lima y teniente Lima de los Dragones de la Patria, así como al teniente Espinosa y alférez Mondragón del mismo Regimiento, terminando la recomendación en el ayudante Marcos Vergara, que durante la acción actuó como ayudante del coronel.


 


Sabedor Viamonte de que Dorrego había sido batido en Arerunguá, mandó al teniente coronel José Melián que pasase inmediatamente al Uruguay con 300 hombres para proteger a los dispersos lo que ejecutó situándose en Paysandú, donde recibió al teniente coronel Zapiola, algunos oficiales y parte de la tropa de su regimiento.  Igualmente fueron auxiliados Dorrego y el resto de la división, facilitándose los medios para que se trasladasen a Concepción del Uruguay.


 


Igualmente se dispuso el regreso del comandante Melián, y en conocimiento de que algunos caudillos artiguistas (Otorguéz y Basualdo) habían cruzado el Uruguay, Viamonte ordenó que el comandante Melián con 100 Dragones de la Patria, recién llegados de Buenos Aires, y los coroneles Valdenegro y Hortiguera con sus fuerzas, salieran a batir a tales caudillos, los que fueron completamente deshechos en el Rincón.


 


Las causas principales que se pueden atribuir a la derrota de Arerunguá, son específicamente dos: 1) a la falta de cooperación entre las diferentes divisiones que operaban con un mismo fin en el territorio uruguayo, y el de Entre Ríos, y 2) al número excesivo de tropa extranjera afectada a la división Dorrego, que apenas tuvieron una oportunidad, se pasaron al otro bando en la proporción de más del 30% del efectivo de esta división.


 


En la derrota sufrida por nuestras armas en aquella jornada, no intervinieron para nada las concepciones estratégicas de los caudillos orientales, según insinúan algunos historiadores del vecino país, sin tener en cuenta, que en ningún momento de la campaña, aquellos revelaron semejantes condiciones profesionales pues cada caudillo obraba independientemente, y a menudo, bajo la influencia divergente de rivalidades profundas, que también prevalecieron en las numerosas guerras civiles, que casi hasta nuestros días, han ensangrentado al estado cuña que creamos en Ituzaingó.


 


El Supremo Director, compenetrado de la actitud de Viamonte, al no prestar la cooperación mínima que le solicitó Dorrego, de acuerdo con las órdenes expresas y claras impartidas por el Ministro de Guerra, dispuso el 14 de enero de 1815 su relevo como teniente gobernador y jefe de las fuerzas de Entre Ríos, designando en su reemplazo, con carácter interino al coronel Eusebio Valdenegro.


 


El 19 de enero de 1815, en una comunicación que el Director Supremo hacía al coronel Valdenegro, disponía la suspensión de todas las operaciones militares en la Banda Oriental, con el consiguiente repliegue al Cuartel General,  de las tropas que operaban en dicha provincia, que no debían empeñar acción alguna, sin que una manifiesta ventaja prometiera un resultado feliz.  El coronel Soler tenía orden de replegarse sin demora hacia San José o las Caleras de García, dejando a las fuerzas de Entre Ríos y Corrientes bajo la dependencia del coronel Valdenegro, incluso las de Dorrego, con los restos de su división.


 


Fuente


Anschütz, Camilo – Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo – Tomo I – Círculo Militar – Buenos Aires (1945)

jueves, 10 de octubre de 2024

Hace 79 años comenzaba a gestarse el 17 de octubre: Perón renunciaba a sus cargos y le hablaba a su Pueblo.

 


DISCURSO DE DESPEDIDA DE LA SECRETARIA DE TRABAJO Y PREVISIÓN [1]Juan Domingo Perón [10 de Octubre de 1945]



Trabajadores: termino de hablar con los empleados y funcionarios de la Secretaría de Trabajo. Les he pedido como mi última voluntad de secretario de Trabajo y Previsión, que no abandone nadie los cargos que desempeñan, porque se me habrían presentado numerosísimas renuncias. Yo considero que en esta hora el empleo en la secretaría no es un puesto administrativo, sino un puesto de combate, y los puestos de combate no se renuncian, se muere en ellos.

Esta casa, fundada hace un año y medio, se ha convertido en la esperanza de los hombres que sufren y trabajan. Esa esperanza no debe ser defraudada por nadie porque acarrearía las mayores desgracias a nuestra patria.

Despojado de toda investidura, hablo hoy a mis amigos los trabajadores, expresándoles, por última vez desde esta casa, todo lo que mi corazón siente hacia ellos y todo lo que he de hacer en mi vida por su bien.

Si la revolución se conformara con dar comicios libres no habría realizado sino una gestión en favor de un partido político. Esto no pudo, no puede, ni podrá ser la finalidad exclusiva de la revolución. Eso es lo que querrían algunos políticos para poder volver; pero la revolución encarna en sí las reformas fundamentales, que se ha propuesto realizar en lo económico, en lo político y en lo social. Esa trilogía representa las conquistas de esta revolución que está en marcha y que cualesquiera sean los acontecimientos no podrán ser desvirtuados en su contenido fundamental.

La obra social cumplida es de una consistencia tan firme que no cederá ante nada, y la aprecian no los que la denigran sino los obreros que la sienten. Esta obra social que sólo los trabajadores la aprecian en su verdadero valor, debe ser también defendida por ellos en todos los terrenos.

La Secretaría de Trabajo y Previsión acometió hace un año y medio dos enormes tareas; la de organizar el organismo y la de ir, sobre la marcha, consiguiendo las conquistas sociales que se consideraban más perentorias para las clases trabajadoras. Sería largo enumerar las mejoras logradas en lo que se refiere al trabajo, a la organización del trabajo, a la organización del descanso, al ordenamiento de las remuneraciones y a todo lo que concierne a la previsión social.

Esta tarea realmente ciclópea se ha cumplido con este valioso antecedente: las conquistas obtenidas lo han sido con el absoluto beneplácito de la clase obrera, lo que representa un fenómeno difícil de igualar en la historia de las conquistas sociales.

En el campo de la previsión social hemos comenzado por realizar una propaganda sobre el ahorro -posible con los mejores salarios- y luego propugnamos por el incremento de las mutualidades. Se ha aumentado el número de los argentinos con derecho a jubilación en cifras verdaderamente extraordinarias, y a este respecto cabe destacar la iniciativa de la Confederación de Empleados de Comercio, que constituye un triunfo y un motivo de orgullo para la previsión social argentina.

Hemos defendido desde aquí a todas las organizaciones obreras, las que hemos propugnado, facilitándoles su desenvolvimiento. Desde esta casa no se ordenó jamás la clausura de un sindicato obrero ni se persiguió nunca a un trabajador; por el contrario, siempre que nos fue posible pedimos a las autoridades la libertad de obreros detenidos por distintas causas.

A diferencia de lo que ha sucedido en otras partes o en otros tiempos, las autoridades han defendido a las organizaciones obreras en lugar de molestarlas o perseguirlas. Es así que terminamos de dictar un decreto-ley referente a las organizaciones profesionales. Cuando llegué a la Secretaría de Trabajo, el primer pedido que recibí de los obreros fue la derogación de un decreto del año 1943 en el que se establecía para las asociaciones gremiales un régimen de tipo totalitario.

El primer decreto que firmé en esta secretaría fue la derogación de ese reglamento, y tengo la satisfacción de decir que el último que he firmado es el nuevo régimen legal de las asociaciones profesionales, que difiere fundamentalmente del anterior, y con respecto al cual puedo asegurar que es de lo más avanzado que existe en esta materia. Bastaría decir que bajo este cuerpo legal, el gobierno, que puede intervenir una provincia o una asociación de cualquier orden, no puede intervenir, en cambio, los sindicatos obreros.

También dejo firmado un decreto de una importancia extraordinaria para los trabajadores. Es el que se refiere al aumento de sueldos y salarios, implantación del salario móvil, vital y básico, y la participación en las ganancias. Dicho decreto que he suscripto en mi carácter de secretario de Estado tiene las firmas de los ministros de Obras Públicas y de Marina, y beneficia no solamente a los gestores de la iniciativa -la Confederación de Empleados de Comercio- sino a todos los trabajadores argentinos.

Y ahora, como ciudadano, al alejarme de la función pública, al dejar esta casa que para mí tiene tan gratos recuerdos, deseo manifestar una vez más la firmeza de mi fe en una democracia perfecta, tal como la entendemos aquí.

Dentro de esa fe democrática fijamos nuestra posición incorruptible e indomable frente a la oligarquía. Pensamos que los trabajadores deben confiar en sí mismos y recordar que la emancipación de la clase obrera está en el propio obrero. Estamos empeñados en una batalla que ganaremos porque es el mundo el que marcha en esa dirección. Hay que tener fe en esa lucha y en ese futuro. Venceremos en un año o venceremos en diez, pero venceremos.

En esta obra, para mí sagrada, me pongo hoy al servicio del pueblo, y así como estoy dispuesto a servirlo con todas mis energías juro que jamás he de servirme de él para otra cosa que no sea su propio bien. Y si algún día, para despertar esa fe, ello es necesario, me incorporaré a un sindicato y lucharé desde abajo.

Al dejar el gobierno, pido una vez más a ustedes que se despojen de todo otro sentimiento que no sea el de servir directamente a la clase trabajadora. Desde anoche, con motivo de mi alejamiento de la función pública ha corrido en algunos círculos la versión de que los obreros estaban agitados. Yo les pido que en esta lucha me escuchen. No se vence con violencia; se vence con inteligencia y organización. Por ello les pido también que conserven una calma absoluta y cumplir con lo que es nuestro lema de siempre, del trabajo a casa y de casa al trabajo.

No debemos por ninguna causa exponer la tranquilidad de un obrero o la felicidad de una familia. Hemos de luchar con inteligencia y organización, y así, el triunfo será nuestro.

Debo decirles que he hablado con el Excmo. Señor Presidente de la Nación, quien me ha prometido que la obra social realizada y las conquistas alcanzadas serán inamovibles y seguirán su curso. Pido, pues, el máximo de tranquilidad a todos los trabajadores del país, tranquilidad y calma es lo que necesitamos para seguir estructurando nuestras organizaciones y hacerlas tan poderosas que en el futuro sean invencibles. Y si un día fuese necesario he de formar en sus filas para obtener lo que sea justo. Mientras tanto que sea la calma y la tranquilidad la que guíe los actos de los obreros para que no se perjudique esta magnífica jornada de justicia social. Pido orden para que sigamos adelante en nuestra marcha triunfal pero, si es necesario, algún día pediré guerra.

Y ahora quiero que demos una vez más ese ejemplo de cultura que han exhibido en esta ciudad las masas de trabajadores, les pido a todos que llevando en el corazón nuestra bandera de reivindicaciones piensen cada día de la vida que hemos de seguir luchando inquebrantablemente por esas consignas que representan los objetivos que han de conducir a nuestra República a la cabeza de las naciones del mundo. Recuerden y mantengan grabado el lema “de casa al trabajo y del trabajo a casa” y con eso venceremos.

Para terminar no voy a decirles adiós les voy a decir “hasta siempre”, porque desde hoy en adelante estaré entre ustedes más cerca que nunca, y lleven finalmente esta recomendación de la Secretaría de Trabajo y Previsión: únanse y defiéndanla, porque es la obra de ustedes y es la obra “nuestra”.

JUAN DOMINGO PERÓN



[1] La calle Perú entre Victoria y Julio A. Roca fue el lugar desde donde, en un improvisado palco, el Coronel Perón pronunció su discurso de despedida; luego de su renuncia al cargo en la Secretaría de Trabajo y Previsión. El público se desconcentró en manifestación por varias calles céntricas, vivando al Coronel Perón y señalándolo como futuro "Jefe de Estado".

lunes, 15 de enero de 2024

Se cumplen 56 años de esta carta de Juan Perón a los compañeros de la Soc. de Fomento "Núcleo Vecinos Unidos".

 



Carta a los cros. de la Soc. de Fomento "Núcleo Vecinos Unidos" 15 de enero de 1968


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 15 de enero de 1968.


A los compañeros de la SOCIEDAD VECINAL DE FOMENTO "NUCLEO DE VECINOS UNIDOS" Barrio Obrero "Cal Molinedo ". Don Carlos Alberto Imperatrice y Don José Rodolfo Medina Valentín Alsina (Lanús O.)


Mis queridos compañeros:


Por intermedio del Secretario General del Peronismo, Mayor D. Bernardo Alberto, he recibido vuestra comunicación del 31 de diciembre pasado y les agradezco el recuerdo y el saludo que retribuyo con mi mayor afecto.


En primer término les hago llegar mi encomio por la posición firme al lado del conductor táctico del Movimiento com­pañero Alberto quien tiene la responsabilidad de todos las acciones allí y, en consecuencia, toda la autoridad que necesita para defendernos, su responsabilidad ante el Comando Superior.


Nuestros enemigos han conseguido en parte meter la disociación en el Movimiento, más que nada merced a algunos de nuestros propios dirigentes que, olvidando sus deberes, atraídos por intereses personales o de círculo, pretenden realizarse en un peronismo que no se realice, sin percatarse que ese es el seguro camino de su propia destrucción. Ellos son los peores enemigos y los más peligrosos porque los tenemos metidos aden­tro y nada debemos dejar de hacer para destruirlos, antes que ellos puedan perjudicar al Movimiento. Empeñado en esa tarea, el compañero Alberto, merece el apoyo irrestricto de todos los Peronistas de buena fe que sinceramente anhelan el triunfo del Peronismo. Por eso veo con sumo placer la posición de Ustedes en contacto permanente con él que, si el Comando Superior lo ha designado, ha de ser por algo.


Les felicito por haber alcanzado ya la organización de que me hablaban en cartas ánteriores. Si la política de la dictadura militar que está azotando al país es dedicarse a la política comunal, nada más acertado de nuestra parte que oponerle en las comunas organizaciones como la formada por Ustedes que han de presentarle batalla allí donde ellos pretenden dominar. Si la dictadura y los demás no hacen llegar la ayuda que tienen obligación de arrimar a los barrios y zonas azotadas por el infortunio, es porque a nadie le interesa ayudar. Ello les dará a Ustedes oportunidad para ayudarse a si mismos, lo que pon­drá en evidencia las diferencias que existen entre ellos y no­sotros. Si las "autoridades" no cumplen su deber, tanto mejor, habrá llegado el momento de hacérselo notar públicamente y reemplazarlos en lo posible con vuestras propias organiza­ciones.


Les adjunto las fotografías que me encargan. Les ruego que hagan llegar, junto con mi saludo más afectuoso, a todos los compañeros de la Sociedad Vecinal mis mejores deseos para el año que se inicia, como asimismo el agradecimiento y saludo de Isabelita.


Un gran abrazo.


Firmado: Juan Perón.


viernes, 20 de enero de 2023

Se cumplen 49 años del Discurso del Presidente Perón del domingo 20 de enero de 1974

 






Me dirijo a todos los argentinos frente al bochornoso hecho que acaba de ocurrir en la Provincia de Buenos Aires, en la localidad de Azul, en el Regimiento de Tiradores Blindados C lO, donde una partida de asaltantes terroristas realizara un golpe de mano, mediante el cual asesinaron al jefe de la unidad, coronel don Camilo Gay y a su señora esposa, y luego de matar alevosamente a soldados y herir a un oficial y suboficial, huyeron llevando como rehén al teniente coronel lgarzábal.

Hechos de esta naturaleza evidencian elocuentemente el grado de peligrosidad y audacia de los grupos terroristas que vienen operando en la Provincia de Buenos Aires ante la evidente desaprensión de sus autoridades. El Gobierno del

Pueblo, respetuoso de la Constitución y la ley, hasta hoy ha venido observando una conducta retenida frente a esos desbordes guerrilleros que nada puede justificar en la situación que vive la República.


MÓVILES POLITICOS TAN INCONFESABLES COMO INEXPLICABLES


Tampoco desde nuestro Movimiento hemos querido producir un enfrentamiento, desde que anhelamos la paz y propendemos a la unión y solidaridad de todos los argentinos,hoy ocupados en la Reconstrucción y Liberación Nacional.


Pero todo tiene su límite. Tolerar por más tiempo hechos, Como el ocurrido en Azul, donde se ataca una institución nacional con los más aleves procedimientos, está demostrando palmariamente que estamos en presencia de verdaderos enemigos de la Patria, organizados para luchar en fuerza contra el Estado, al que a la vez infiltran con aviesos fines insurreccionales.

Nuestro Ejército, como el resto de las Fuerzas Armadas, que han demostrado su acatamiento a la Constitución y a la ley, en provecho de una institucionalización, no merecen sino el agradecimiento del pueblo argentino que, frente a lo ocurrido, debe sentirse herido en lo más profundo de sus sentimientos patrióticos.

Ya no se trata sólo de grupos de delincuentes, sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneas, ataca al Estado y a sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la Reconstrucción y la Liberación en que estamos empeñados. Es la delincuencia asociada a un grupo de mercenarios que actúan mediante la simulación de móviles políticos tan inconfesables como inexplicables.


ATAQUES A LA DECISION SOBERANA


En consecuencia, ni el Gobierno, que ha recibido un

mandato popular claro y plebiscitario, ni el pueblo argentino, que ha demostrado con creces su deseo de pacificación y liberación, pueden permanecer inermes ante estos ataques,abiertos a su decisión soberana, ni tolerar el abierto desafío a su autoridad, que pone en peligro la seguridad de la ciudadanía, cada día expuesta a la acción criminal de esta banda de asaltantes.


No es por casualidad que estas acciones se produzcan en determinadas jurisdicciones. Es indudable que ello obedece a una impunidad en la que la desaprehensión e incapacidad lo hacen posible, o lo que sería aún peor, si mediara, como se sospecha, una tolerancia culposa.

En consecuencia, el Gobierno Nacional, en cumplimiento de su deber indeclinable tomará de hoy en más las medidas pertinentes para atacar el mal en sus raíces, echando mano a todo el poder de su autoridad y movilizando todos los medios necesarios.

El Movimiento Nacional Justicialista movilizará asimismo sus efectivos para ponerlos decididamente al servicio del orden y colaborar estrechamente con las autoridades empeñadas en mantenerlo.


EL PUEBLO DEBE TOMAR PARTIDO


Pido, asimismo, a todas las fuerzas políticas y al Pueblo en general, que tomen partido activo en la defensa de la República, que es la afectada en las actuales circunstancias.

Ya no se trata de contiendas políticas parciales, sino de poner coto a la acción disolvente y criminal que atenta contra la existencia misma de la Patria y sus instituciones, que es preciso destruir antes de que nuestra debilidad produzca males que pueden llegar a ser irreparables en el futuro.

Pido igualmente a los compañeros trabajadores una participación activa en la labor defensiva de sus organizaciones que tanto ha costado llevarlas al clima magnífico de su actual funcionamiento. Esas organizaciones son también objeto de la mirada codiciosa de estos elementos, muchas veces disfrazados de dirigentes. Cada trabajador tiene un poco de responsabilidad en esa defensa, y espero confiado porque los conozco, que las sabrán defender como lo han hecho en todas las ocasiones.


ANIQUILAR AL TERRORISMO CRIMINAL


El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una Patria justa, libre y soberana, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar. Sin ello ni la Reconstrucción Nacional ni la Liberación serán posibles.

Yo he aceptado el Gobierno como un sacrificio patriótico porque he pensado que podría ser útil a la República. Si un día llegara a persuadirme de que el Pueblo argentino no me acompaña en ese sacrificio, no permanecería un solo·día en el Gobierno. Entre las pruebas que he de imponer al Pueblo es esta lucha. Será pues la actitud de todos la que impondrá mi futura conducta. Ha pasado la hora de gritar Perón; ha llegado la de defenderlo.


jueves, 2 de diciembre de 2021

Hace 78 años Juan Perón anunciaba la política social del gobierno de la Revolución: "El ideal del Estado abstencionista era encontrarse frente a ciudadanos aislados, desamparados y económicamente débiles, con el fin de pulverizar las fuerzas productoras y conseguir, por contraste, un poder arrollador."

DISCURSO SOBRE LA POLITICA SOCIAL DE ESTADO Juan Domingo Perón [2 de Diciembre de 1943]





En el tiempo que estuve al frente del ex Departamento Nacional del Trabajo, he podido penetrar y encarar objetivamente los problemas gremiales. De ellos los que se han resuelto lo han sido por acuerdos directos entre patronos y obreros.

Para saldar la gran deuda que todavía tenemos con las masas sufridas y virtuosas, hemos de apelar a la unión de todos los argentinos de buena voluntad, para que en reuniones de hermanos consigamos que en nuestra tierra no haya nadie que tenga que quejarse con fundamentos de la avaricia ajena.

Defender a los que sufren y trabajan

Los patrones, los obreros y el Estado constituyen las partes de todo problema social. Ellos y no otros han de ser quienes los resultan, evitando la inútil y suicida destrucción de valores y energías.

La unidad y compenetración de propósitos de esas tres partes debería ser la base de acción para luchar contra los verdaderos enemigos sociales representados por la falsa política, las ideologías extrañas sean cuales fueran, los falsos apóstoles que se introducen en el gremialismo para medrar con el engaño y la traición de las masas y las fuerzas ocultas del perturbación del campo político-internacional.

No soy hombre de sofismas ni de soluciones a medias. Empeñado en esta tarea no desmayaré en mi afán ni ocultaré las armas con las que combatiré en todos los terrenos, con la decisión más absoluta, sin pensar si ellos o yo hemos de caer definitivamente en esos campos.

Sembraré esta simiente en el fértil campo de los trabajadores de mi tierra, que estoy persuadido que entienden y comparen mi verdad, con esa extraordinaria intuición que poseen las masas cuando se les guía con lealtad y honradez.

Ellos serán mis hombres y cuando yo caiga en esa lucha en que voluntariamente me enrolo estoy seguro que otro hombre mas joven y mejor dotado, tomará de mis manos la bandera y la llevará al triunfo. Para un soldado nada hay más grato que quemarse para alumbrar el camino de la victoria.

Al defender a los que sufren y trabajan, para amasar la grandeza de la Nación, defendiendo a la Patria en cumpliendo de un juramento en que empeñé mi vida y la vida es poco cuando es menester ofrendarla en el altar de la Patria.

El estado cumplirá ahora su deber social

El estado argentino intensifica el cumplimiento de su deber social. Así concreto mi juicio sobre la trascendencia de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Simple espectador como he sido, en mi vida de soldado, de la evolución de la economía nacional y de las relaciones entre patronos y trabajadores, nunca he podido avenirme a la idea tan corriente de que los problemas de que tal relación origina, son materia privativa de las partes directamente interesadas. A mi juicio, cualquier anormalidad surgida en el ínfimo taller y en la más oscura oficina, repercute directamente en la economía general del país y en la cultura de sus habitantes.

En la economía, porque altera los precios de las cosas que todos necesitamos para vivir; en la cultura porque del concepto que preside la disciplina interna de los lugares de trabajo depende en mayor o menor grado, en respeto mutuo y las mejores o peores formas de convivencia social.

El trabajo después del hogar y la escuela, en un insustituible modelador del carácter de los individuos y según sean éstos, así serán los hábitos y costumbres colectivos, forjadores inseparables de la tradición nacional.

Por tener muy firme esta convicción, he lamentado la despreocupación, la indiferencia y el abandono en que los hombres de gobierno, por escrúpulos formalistas repudiados por el propio pueblo prefirieran adoptar una actitud negativa o expectante ante la crisis y convulsiones ideológicas, económicas y sentimentales que han sufrido cuantos elementos intervienen en la vida de relación que el trabajo engendra.

El estado manteníase alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber, sólo tomaba contacto en forma aislada cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle le obligaba a descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No se percataban los gobernantes de que la indiferencia adoptada ante las contiendas sociales, facilitaba la propagación de esta rebeldía porque era precisamente el olvido de los deberes patronales que, libres d la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley de su conveniencia. Los obreros por su parte, al lograr el predominio de las agrupaciones sindicales, enfrentaban a la propia autoridad del Estado, pretendiendo disputar el poder político. El progreso social ha llevado a todos los países cultos a suavizar el choque de intereses y convertir en medidas permanentes de justicia, las relaciones que antes quedaban libradas al azar de las circunstancias provocando conflictos entre el capital y el trabajo.

El ideal del Estado abstencionista era encontrarse frente a ciudadanos aislados, desamparados y económicamente débiles, con el fin de pulverizar las fuerzas productoras y conseguir, por contraste, un poder arrollador. La contrapartida fue el sindicalismo anárquico, simple sociedad de resistencia, sin otra finalidad que la de oponer a la intransigencia patronal y a la indiferencia del Estado, una concentración de odios y resentimientos. Las carencias de una orientación inteligente de la política social, la falta de organización de las profesiones y la ausencia de un ideal colectivo superior que reconfortará los espíritus y los templará para una acción esencialmente constructiva y profundamente patriótica, ha retrasado el momento que las asociaciones profesionales estuviesen en condiciones de gravitar en la regulación de las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores.

Organización: el imperativo de la hora

El ideal de un Estado no puede ser la carencia de asociaciones; casi afirmaría que es todo lo contrario. Lo que sucede es que únicamente pueden ser eficaces, fructíferas y beneficiosas las asociaciones cuando, además de un arraigado amor a la patria y un respeto inquebrantable a la ley, vivan organizadas de tal manera que constituyan verdaderos agentes de enlace que lleven al Estado alas inquietudes del mas lejano de sus afiliados y a éste hagan llegar las inspiraciones de aquel. La organización sindical llegará a ser indestructible cuando las voluntades humanas se encaminen al bien y a la justicia, con un sentido a la vez colectivo y patriótico. Y para alcanzar las ventajas que la sindicación trae aparejadas las asociaciones profesionales deben sujetarse a uno de los imperativos culminantes de nuestra época: el imperativo de la organización.

La vida civilizada, en general, y la económica en particular, del mismo modo que la propia vida humana, se extinguen cuando falla la organización de las células que la componen. Por ello siempre he creído que se debe impulsar el espíritu de asociación profesional y estimular la formación de cuantas entidades profesionales consientes de sus deberes y anhelantes de sus justas reivindicaciones se organicen, de Talavera que se erijan en colaboradores de roda acción encaminada a extender la justicia y prestigiar los símbolos de la nacionalidad, levantándose por encima de las pugnas ideológicas o políticas. Pero no perderemos el tiempo que media entre el momento actual y el del florecimiento de organizaciones de este tipo constructivo. La realidad golpea las puertas y exhibe las cuestiones candentes que deben ser inmediatamente dilucidadas. Los problemas que sean consecuencia natural de los hechos sociales serán estudiados y recibirán la rápida solución que justicieramente merezcan.

Se inicia una nueva era en política social

Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patronos y trabajadores, De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que si las retribuciones y el trato que otorgan al personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y consiguiente engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidos por la autoridades del trabajo con el mayor celo y sancionado con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual, el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones.

Un fin social supremo inspirará toda reforma legal

La prosecución de un fin social superior señalará el camino y la oportunidad de las reformas. No debemos incurrir en el error de fijar un programa de realizaciones inmediatas. En este importante y delicado aspecto, el decreto que crea la Secretaría de Trabajo y Previsión ofrece una magnífica muestra de sobriedad, pues al tiempo que ordena la revisión de los textos legales vigentes, exige que sean propulsadas las medidas de orden social que constituyen el anhelo de la casi totalidad de los hombres de trabajo, obreros y patronos.

No voy, pues, a perfilar las características que ha de tener tal o cual realización jurídica, ni condicionar la otorgación de una determinada reivindicación social a la concurrencia de determinados requisitos. Por encima de preceptos casuísticos que la misma realidad puede tornar caducos el día de mañana, está la declaración de los altísimos principios de colaboración social, con objeto de robustecer los vínculos de solidaridad humana, incrementar el progreso de la economía nacional, fomentar el acceso a la propiedad privada, acrecer la producción en todas sus manifestaciones y defender al trabajador mejorando sus condiciones de trabajo y de vida. Estas son las finalidades a que debemos aspirar. El tiempo, las circunstancias y la conducta de cada cual nos indicará el momento y el rumbo de las determinaciones.

La experiencia de la vida diaria nos conducirá por las sendas menos peligrosas al logro de cada mejora en la vida de relación entre el Estado, patronos y obreros. Mejora que naturalmente, no deberá ser siempre a expensas del patrón, sino que bien puede orientarse hacia la adopción de adecuadas medidas de orden técnico que eviten la dispersión de esfuerzos, aumenten el rendimiento, mejoren precios y salarios y establezcan un cordial entendimiento entre ambos factores de la producción y entre éstos y el Estado, de modo que no solo se restaure el orden social en la calle y el taller sino en el fuero íntimo de las conciencias.

Sería impropio anunciar la codificación del Derecho del Trabajo en el preciso instante de producirse en tránsito entre abstencionismo de Estado, que fenece, y la futura acción estatal, que comienza. Muchas de las leyes de trabajo vigentes no son ciertamente incontrovertidas; algunas adolecen de fallas técnicas de tal naturaleza que los beneficios han desaparecido de la vista del trabajador, al tiempo que se extinguían los ecos de su alumbramiento parlamentario. Eso no debe repetirse. Las declaraciones de derecho sustantivo deben ser tan claras que no quepa duda, la acción del Estado ha de ser tan rápida y la solución tan eficaz que ni un solo trabajador sienta la congoja de creerse preterido en cuanto le corresponda en justicia.

Florecen pues las mejoras al compás de las necesidades y de las posibilidades que la actual permita. Esto no quiere decir sin embargo que se dilatarán las soluciones a los problemas no será un criterio particular que las partes impongan al Estado, sino por el contrario, por decisión de la autoridad una vez consultadas las verdaderas necesidades de todos los interesados en la cuestión particular de que se trate.

Debe insistirse en esta afirmación. Las altas decisiones sobre el rumbo social a seguir que adopte la autoridad laboral, no serán tomadas tan solo en vista del texto de una ley o del principio doctrinario tratado en abstracto, sino considerado uno y otro como elementos integrantes de la mutable realidad de cada momento. Por esto, junto al mecanismo técnico-administrativo, que constituye el instrumento peculiar del Estado para estudio y solución de los problemas sociales, se halla un Consejo Superior de Trabajo y Previsión que se integrará con representaciones adecuadas de los distintos sectores que intervienen en la obra de la producción, transformación y distribución en sus múltiples aspectos y facetas. De este modo las realizaciones del derecho no serán preparadas tan solo en los laboratorios oficiales, sino que, aprovechando ya el cuantioso material de estudio que han acumulado a través de los años, serán valoradas y afianzadas por la labor llevada a cabo por dicho organismo consultivo que, en su periódica actuación sedimentará un arsenal de experiencias que facilitará grandemente la normalización de las relaciones jurídicas existentes entre el capital y el trabajo en cada momento de nuestra historia.

Nada más por hoy. Pero en breve volveré a ponerme en contando con el pueblo para hacerle partícipe constante de la inquietudes del Poder Ejecutivo, que serán siempre reflejos de sus anhelos de mejoramiento individual y progreso de la comunidad nacional. En camino de la grandeza de la Patria, el Estado ha de contar con el fervor y la adhesión de todos los hombres de trabajo que anhelen el bien supremo del país.

JUAN DOMINGO PERÓN

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Hace 48 años Perón le escribía,esta carta, al Doctor Matera





Carta al Dr. Raul Matera 4 de diciembre de 1971

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 4 de diciembre de 1971.

Al Dr. Raúl Matera

Buenos Aires

Mi querido amigo:

Por mano y amabilidad del Doctor Puigvert he recibido su carta del 1ro. de diciembre y quiero agradecerle sus amables palabras y buenos deseos que me son recíprocos.

Le felicito por el éxito en el concurso de Jefe de Neurología del Hospital Italiano, pero también felicito al Hospital Italiano por poderlo contar a Usted como Jefe de ese servicio. De cualquier manera me siento feliz si tal circunstancia le hace justicia a un compañero que, como Usted, nos honra a todos los peronistas. No se me escapa la importancia del cargo, por tratarse además de un Hospital Escuela, donde Usted podrá formar lo que tanto necesita el país en la especialidad.

Sobre nuestras cosas, Usted podrá apreciarlas bien desde allí. Las decisiones tomadas por el Comando Superior, creo que han sido necesarias y oportunas: primero porque la situación de la conducción táctica no daba para más, y segundo, porque con el relevo le "hemos echado abajo la estantería" de los proyectos de la dictadura. El Doctor Cámpora podrá en poco tiempo más arreglarlo todo de la mejor manera. Tiene la experiencia y prudencia indispensable "para desplumar la gallina sin que grite". En el caso de las mujeres, colaborará con él Isabelita que viaja en estos días para abocarse al problema. Pienso que también se podrá superar el conflicto que, por otra parte, no tiene mayor importancia.

No sabe cuánto le agradezco su cooperación en la tarea de la Escuela de Conducción y del Consejo de Planificación y Tecnología, al poner a disposición de los muchachos el edificio de CISA y aconsejarles lo pertinente. Pienso que con el Doctor Cámpora en la Delegación todo se facilitará y podrán darle un decisivo impulso a la tarea de preparación tan indispensable, si pensamos un poco en las necesidades del futuro.

Me ha producido una gran satisfacción lo que me dice con referencia a la repatriación de los restos del Doctor Ramón Carrillo, como los homenajes que representan la nominación de hospitales con su ilustre nombre. Es un deber que todos tenemos para con un profesional de tantos méritos y que tantos servicios prestó a la sanidad argentina.

Muchas gracias por todo. Me dice el Doctor Puigvert que lo ha encontrado muy bien y contendo lo que me alegra extraordinariamente. Le ruego que salude a los suyos, como a los compañeros, y acepte, junto con nuestros saludos más afectuosos, nuestros mejores deseos. Isabelita lo saludará y le llevará mi gran abrazo.

Firmado: Juan D. Perón.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Perón le escribía al Doctor Pedro Michelini hace 50 años




Carta al Dr. Pedro Michelini 12 de septiembre de 1969.

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 12 de septiembre de 1969.

Al Dr. Pedro Michelini

Buenos Aires

Querido amigo:

Comienzo por pedirle disculpas por contestar tarde sus cartas siguiendo una costumbre española, he pasado todo agosto y parte de septiembre en la Costa, por aquello de que "en el país que estuvieres...". A mi regresó me he encontrado con una pila de cartas, de la que me parece difícil que pueda salir sino a través de algún tiempo. Le agradezco sus interesantes informaciones que me son siempre muy útiles por el sentido objetivo con que Usted me las envía. Es difícil poder ponerse en claro con lo que pasa en el país, porque creo que ni los nuestros que están allí actuando tienen concepto formado de lo que pasa ni de lo que puede pasar en el momento menos pensado

Creo que lo que hay que hacer es meterle a la acción permanente: cada peronista en todo momento y en todo lugar, debe hacer algo diariamente por el Movimiento y en contra de la dictadura. Veo que la Rama Sindical del Movimiento ha comenzado un trabajo muy bueno desdé las "62", los "20" y la C.G.T. que ellos mismos manejan; pero no puedo decir lo mismo de la Rama Política que, como hasta ahora, parece seguir "aplatanada", lo que en mi concepto representa un grave error. Desde que el Peronismo está compuesto por ambas ramas, cuando la sindical se mueve, debe también hacerlo la política en apoyo de la anterior y viceversa. En ese concepto, ya en estos momen­tos debería estar agitando todo el complejo orgánico político todo el país, lanzando su apoyo, aunque fuera verbal, a los dirigentes sindicales que comienzan a jugar un papel protagónico de acuerdo con lo que el Gobierno establece al comenzar el "tiempo social" de su cacareada revolución.

Ya no podemos esperar nada de los sectores que en las Fuerzas Armadas amenazaron con un golpe que cuando se arremangaron se les vio aquello que sabemos. El enfrentamiento de la línea liberal y la línea nacionalista de que tanto nos hablan, es precisamente lo que mantiene a Onganía. Si nosotros y las fuerzas que nos responden no hacen lo que deben, no Podemos pensar en que una solución pueda llegar por mano de los que ni están ni estarán con nosotros.He visto las declaraciones del viejito cretino de Mi con una caradura sin igual, dice que si yo no regreso al país es porque estoy muy cómodo en Madrid. Repitiendo lo que dyo cuando estaba en el Gobierno y que me movió a retornar en diciembre de 1964 cuando, precisamente él me hizo detener en Río de Janeiro por pedido especial al Gobierno de su congénere el macaco Mariscal de marras. Ahora tiene el tupé de expresar semejante estupidez cuando todos saben que permitió el laudo británico en la cuestión de Chile con la condición de que no me dejaran pasar por allí y que ocasionó una declaración de Frei en ese sentido. Este viejito cretino no tiene com­postura. Me imagino las conferencias que habrá dado.

Bueno amigo: no deje de seguir informándome y disimule si tardo en contestarle, pero Usted no tiene una idea del trabajo que me están dando esas cosas. Aparte de ello también estoy en conexión con gente del Continente y ello me lleva una cantidad de trabajo y de tiempo. Saludos a todos los compañeros.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.