sábado, 1 de abril de 2017

Jorge Rulli: El testimonio vivo que desmistifica el "peronismo de izquierda"



Jorge Rulli y un testimonio que echa por tierra con el mito del Perón de izquierda


...Cuando ingresó a la casa, Perón lo aguardaba de pie, al costado de una larga mesa que parecía ser su escritorio de trabajo. Tenía algunos libros apilados y varios papeles desplegados a lo largo de la mesa. El General lo saludó como a un viejo conocido y lo invitó a tomar asiento.
Jorge agradeció la invitación y durante algunos segundos posó su mirada en el rostro del viejo caudillo. Allí, a menos de un metro de distancia, estaba la persona que había fogueado su vida. (...)
Las últimas semanas de su estadía en Cuba estuvieron marcadas por una necesidad cada vez más fuerte de retornar a la Argentina. Quería retomar cuanto antes el proceso de lucha armada que había iniciado con las FAP. No solo por las cartas que le habían llegado de algunos compañeros de Buenos Aires que le decían que los distintos destacamentos que se habían formado estaban a la espera de que él asumiera su conducción. Había algo más que lo empujaba a volver. (...) Se sentía en la plenitud de sus fuerzas para ponerse al frente de un proceso de lucha armada. Y eso era lo que había venido a decirle a Perón, a su General, que para iniciar ese proceso necesitaba su respaldo. (...)
- General, están dadas todas las condiciones para desatar un proceso de esas características y yo me considero capacitado para llevarlo adelante. Pero, General, es imprescindible contar con su respaldo (...) cuando observó que Perón lo miraba con una expresión de desconcierto, decidió guardar silencio y esperó a que hiciera algún comentario.
El General movió con calma la cabeza hacia adelante y luego, inclinándose sobre el escritorio, le preguntó:
- Lucha armada ... cuando usted habla de lucha armada, ¿a qué se refiere, Rulli?
- Bueno ... Quedó bastante descolocado con la pregunta de Perón (...) Por un momento tuvo la impresión de estar hablando desde una realidad que a Perón le era muy ajena (...) Miré, General, yo creo que los peronistas volvemos por las armas o no volvemos. Y para esto tenemos que eliminar a nuestro principal adversario que es el ejército. Terminemos con el ejército. ¡Liquidemos al ejército! Iniciemos este proceso de lucha armada contra el ejército, y después ... Perón frenó la oratoria de Jorge con un gesto de su mano que dejó elevada durante unos instantes en el aire.
- Espere, Rulli, espere ... Esta bien, volvemos por las armas. Pero sucede que eso ya no es viable, porque las armas que teníamos las perdimos ...
- Perdón, General ... le dijo sorprendido ... ¿Cómo que las perdimos? ¿A qué se refiere?
- Pero claro, ¿No recuerda el levantamiento fallido de Iñiguez? Esa posibilidad de conseguir armamento se perdió. ¿Cómo vamos a enfrentar a un ejército?
Se dio cuenta de que en la estrategia de Perón jamás había entrado la posibilidad de robarle las armas al ejército, o que tal vez, no lo veía como algo determinante, sino como un componente más de un planteo mayor. ¿Pero cuál era ese planteo?
Volvió arremeter con la necesidad de activar una lucha a través de las armas (...) Ahí estaba Cuba para demostrar que era posible.
Comenzó a decirle a Perón que la obra del Che había dejado asentadas las bases para desarrollar su proyecto de guerra de guerrillas en cualquier parte del mundo. Que ese proyecto era mucho más viable en la Argentina. Pero una vez más Perón hizo un gesto con la mano que lo invitó a guardar silencio. Esta vez el semblante del General mostró una sombra de desagrado.
- Por favor, Rulli, con todo el respeto que me merece la figura del Che, no me hable de un comandante que se come sus mulas. ¿Qué clase de comandante es alguien que termina comiéndose sus mulas? No, por favor, no me ponga al Che como ejemplo ...
Jorge tragó saliva (...) Decidió no confrontar con Perón. Además no iba a poder hacerlo. Pero cada vez sentía que el General le hablaba desde más y más lejos ¿O era él el que se estaba alejando? El tema del Che le dio pie para transmitirle la invitación de los cubanos para que se instale en la isla (...) Pero su respuesta lo descolocó una vez más.
- Ni loco. No sabe la cantidad de ofertas que he tenido para que me instale en los más diversos países. Incluso me llegó hace poco una propuesta de China. Mire, yo respeto mucho a Mao, pero no voy a ir a comerme la zanahoria de los chinos ... Y Cuba ..., quedaría no solo aislado sino también sometido a la política de los cubanos. Acá, más allá de lo que sea Franco, él tiene sus límites para molestarme y el límite es el recuerdo que tienen los españoles de lo que nosotros hicimos por España durante la guerra. Entonces hay un tira y afloje. Él me obliga a mantener ciertas reglas de juego y yo las estiro hasta donde puedo (...)
Cuando Jorge hizo referencia a todo el proceso de las FAP dentro del MRP y de su frustrado retorno en 1964, le dijo que le parecía que el rol de Villalón había sido nefasto (...) insistió en algunas actitudes condenables de Villalón y también sumó a otros dirigentes peronistas que señaló como burócratas y enemigos del movimiento. Perón se recostó contra la silla y sujetándose de los apoyabrazos interrumpió su diatriba, diciendo:
- Y qué quiere, Rulli ... que solamente trabaje con los buenos (...) Lo que a mi me falta son dirigentes, Rulli ... ¡Dirigentes que comprendan esta guerra revolucionaria! Todos dicen jugar a favor mío, pero al final ... Fíjese: ahí lo tiene a Ongaro. ¡Ongaro! -por primera vez notó que en la mira de Perón se descubría un destello de cólera- Supe que estuvo presente en un asado que organizaron los radicales en Córdoba. ¡Y que terminó a los abrazos con los radicales! Me han dicho que estaba hasta Illia presente. Ese es un gesto que perturba el proceso que yo estoy conduciendo en la Argentina ... ¿Se da cuenta, Rulli? No tengo dirigentes que me comprendan.
Perón miró su reloj y Jorge supo que era una clara señal de que el encuentro había llegado a su fin. En la puerta de su residencia, el General lo despidió tan afectuosamente como lo había recibido.
Durante mucho tiempo guardará silencio sobre su encuentro con el General Perón (...) Y callará porque para él fue un desgarro haberse dado cuenta que el Perón que acababa de dejar tras las rejas de la residencia de Puerta de Hierro, no era el líder revolucionario que toda una generación estaba esperando (...).

Extracto del libro "El guerrero de la periferia, biografía de Jorge Rulli" - Capítulo III "Un encuentro con Perón ..." (Ed. Del Nuevo Extremo, págs. 234 a 239).

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