lunes, 17 de abril de 2017

A un año de la homilía del Papa argentino en las ordenaciones sacerdotales

ORDENACIONES SACERDOTALES. HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO



Basílica Vaticana
 Domingo 17 de abril de 2016


Queridos hermanos:
Estos nuestros hijos han sido llamados al orden presbiteral. Como
vosotros sabéis el Señor Jesús es el único sumo sacerdote del
Nuevo Testamento, pero en Él también todo el pueblo santo de Dios
ha sido constituido pueblo sacerdotal. Sin embargo, entre todos
sus discípulos, el Señor Jesús quiso elegir algunos, en
particular, para que ejerciendo públicamente en la Iglesia en su
nombre la función sacerdotal a favor de todos los hombres,
continuaran su misión personal de maestro, sacerdote y pastor.
Después de una madura reflexión, ahora estamos por elevar al orden
presbiteral a estos nuestros hermanos, para que al servicio de
Cristo, maestro, sacerdote y pastor, cooperen a edificar el Cuerpo
de Cristo que es la Iglesia en Pueblo de Dios y Templo santo del
Espíritu Santo.
Ellos serán configurados a Cristo sumo y eterno sacerdote, o sea
serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento,
y con este título, que les une en el sacerdocio a su obispo, serán
predicadores del Evangelio, Pastores del Pueblo de Dios, y
presidirán las acciones de culto, especialmente en las
celebraciones del sacrificio del Señor.
A vosotros, hijos y hermanos dilectísimos que vais a ser
promovidos al orden del presbiterado, considerad que ejerciendo el
ministerio de la sagrada doctrina seréis partícipes de la misión
de Cristo, único maestro. Dispensad a todos la Palabra de Dios,
esa Palabra que vosotros mismos habéis recibido con alegría. Haced
memoria de vuestra historia, de ese don de la Palabra que el Señor
os dio, a través de la mamá, la abuela —como dice san Pablo—, de
los catequistas y de toda la Iglesia. Leed y meditad asiduamente
la Palabra del Señor para creer lo que habéis leído, enseñar lo
que habéis aprendido en la fe, vivir lo que habéis enseñado.
Que vuestra doctrina, por lo tanto, sea alimento para el pueblo de
Dios, el perfume de vuestra vida, alegría y apoyo para los fieles
de Cristo, para que con la palabra y el ejemplo —van juntos:
palabra y ejemplo— edifiquéis la casa de Dios, que es la Iglesia.
Vosotros continuaréis la obra santificadora de Cristo. Mediante
vuestro ministerio el sacrificio espiritual de los fieles se hace
perfecto, porque está unido al Sacrificio de Cristo, que por
vuestras manos, en nombre de toda la Iglesia, es ofrecido de forma
incruenta en el altar en la celebración de los santos misterios.
Reconoced, por tanto, lo que hacéis. Imitad lo que celebréis, para
que participando en el misterio de la muerte y resurrección del
Señor, llevéis la muerte de Cristo en vuestros miembros y caminéis
con Él en novedad de vida. Llevad la muerte de Cristo en vosotros
mismos, y caminad con Cristo en novedad de vida. Sin cruz no
encontraréis nunca al verdadero Jesús; y una cruz sin Cristo no
tiene sentido.
Con el Bautismo agregaréis nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el
sacramento de la Penitencia perdonaréis los pecados en nombre de
Cristo y de la Iglesia.
Por favor, os pido en nombre del mismo Jesucristo, el Señor, y en
nombre de la Iglesia, que seáis misericordiosos, muy
misericordiosos.
Con el óleo santo daréis alivio a los enfermos.
Celebrando los sagrados ritos y elevando en las distintas horas
del día la oración de alabanza y de súplica, os haréis voz del
Pueblo de Dios y de la humanidad entera. Conscientes de haber sido
elegidos entre los hombres. Elegidos, no os olvidéis de esto.
¡Elegidos! Es el Señor quien os ha llamado, uno por uno.
Elegidos entre los hombres y constituidos a favor de ellos, ¡no a
favor mío!
En comunión filial con vuestro obispo, comprometeos a unir a los
fieles en una única familia, para conducirlos a Dios Padre por
medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tened siempre delante de los
ojos el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido para ser
servido, sino para servir; para buscar y salvar lo que estaba
perdido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario