domingo, 16 de abril de 2017

Hace dos años el Papa Francisco le hablaba a los Obispos Kenyatas


DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS OBISPOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE KENYA EN VISITA "AD LIMINA APOSTOLORUM"
Jueves 16 de abril de 2015



Queridos hermanos obispos:
Os doy mi bienvenida fraterna con ocasión de vuestra visita ad
limina Apostolorum, mientras realizáis vuestra peregrinación a las
tumbas de los santos Pedro y Pablo. Vuestra estancia en la ciudad
eterna y vuestras visitas a los diversos dicasterios de la Curia
romana ofrecen numerosas oportunidades para profundizar en la
comunión entre la Iglesia en Kenia y la Sede de Pedro. Agradezco
al cardenal Njue sus cordiales palabras en vuestro nombre y en el
de los sacerdotes, religiosos y religiosas, así como de todos los
fieles laicos de Kenia. Os pido que les aseguréis mis oraciones y
mi cercanía espiritual.
A algunos de vosotros esta visita a Roma les traerá a la memoria
el tiempo pasado aquí para la preparación de la ordenación
sacerdotal. Los numerosos seminaristas que estudian en esta
ciudad, así como el gran número de seminaristas en vuestro país,
son un signo elocuente de la bondad de Dios con la Iglesia
universal y con vuestras diócesis. Nos recuerdan el gran recurso
que tenéis en los muchos jóvenes de vuestras Iglesias locales, así
como vuestra solicitud paterna al ayudar a los jóvenes hombres a
responder a la llamada al sacerdocio. Pienso, de modo particular,
en el celo, la esperanza y la dedicación de los seminaristas que
desean entregar todo a Cristo a través del servicio a la Iglesia.
Aunque las semillas de una vocación sacerdotal se siembran mucho
antes de que un hombre llegue al seminario, en primer lugar en el
corazón de la familia, les corresponde a los formadores en el
seminario alimentar el crecimiento de tales vocaciones. Por eso es
fundamental que a la buena voluntad de los seminaristas y a sus
deseos sinceros se responda con una formación humanamente sólida,
espiritualmente profunda, intelectualmente rica y pastoralmente
variada (cf. Pastores dabo vobis, 43-59). Soy consciente de los
desafíos que esto comporta, y os animo a intensificar los
esfuerzos, individualmente en vuestras diócesis y colectivamente
en vuestra Conferencia episcopal, para que se perfeccione el buen
trabajo que el Señor está realizando en vuestros candidatos al
orden sacerdotal (cf. Flp 1, 6).
En el ejercicio de vuestro ministerio episcopal cada uno de
vosotros está llamado a ser cuidador de almas (cf. Christus
Dominus, 2), padre y pastor (ibídem, n. 16). Esto se realiza
principalmente con vuestros colaboradores más cercanos, vuestros
sacerdotes. Ellos necesitan que los guiéis con claridad y firmeza,
pero también, y sobre todo, con compasión y ternura. Como obispos
debemos considerar siempre el ejemplo de Jesús, que cuidaba
personalmente a los Apóstoles, pasaba el tiempo con ellos y
disfrutaba de su compañía. También vosotros debéis tratar de estar
con vuestros sacerdotes, conocerlos y escucharlos. Vuestro apoyo
los ayudará a ser fieles a las promesas hechas y fortalecerá
vuestro compromiso común para edificar el reino de Dios en Kenia.
En este Año de la vida consagrada, mi corazón también está cerca
de los religiosos y las religiosas que han renunciado al mundo por
el Reino, llevando de este modo muchas bendiciones para la Iglesia
y la sociedad en Kenia. Queridos hermanos obispos, os pido que les
transmitáis mi gratitud, mi afecto y mi cercanía orante y les
expreséis también mi esperanza de que, en este año dedicado a la
vida consagrada, sean gozosos y audaces mientras muestran a Cristo
con su vida. Os animo a profundizar en los vínculos de caridad y
comunión eclesial que mantenéis con los institutos religiosos en
Kenia. La misión de la Iglesia, aunque polifacética, es una sola:
será posible realizar mucho más para alabanza y gloria del nombre
de Dios, si nuestras acciones están en armonía.
Los esfuerzos unidos y generosos de tantos católicos en Kenia son
un hermoso testimonio y un ejemplo para el país. De muchos modos,
la Iglesia está llamada a dar esperanza a la cultura en general,
esperanza basada en el munificente testimonio de la novedad de
vida prometida por Cristo en el Evangelio. Al respecto, sin querer
interferir en las cuestiones temporales, la Iglesia debe insistir,
especialmente con quienes ocupan una posición de liderazgo y
poder, en los principios morales que promueven el bien común y la
edificación de la sociedad en su conjunto. Al cumplir su misión
apostólica, la Iglesia debe asumir un papel profético en defensa
de los pobres y contra toda corrupción y abuso de poder. Debe
hacerlo, en primer lugar, con el ejemplo. ¡No tengáis miedo de ser
una voz profética! ¡No tengáis miedo de predicar con convicción!
Haced que la sabiduría de la Iglesia, contenida en particular en
su doctrina social, incida en la sociedad keniana.
De modo particular, deseo dirigir una palabra de aprecio a los
numerosos trabajadores, humildes y piadosos, de las instituciones
gestionadas por la Iglesia en todo vuestro país, cuya actividad
diaria produce beneficios espirituales y materiales para
innumerables personas. La Iglesia ha dado su contribución, y sigue
haciéndolo, a todo Kenia, a través de una vasta serie de escuelas,
institutos, universidades, clínicas, hospitales, casas para
enfermos y moribundos, orfanatos y centros sociales. A través de
estas estructuras, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos
comprometidos dan una contribución vital al bienestar de toda la
nación. Estas loables obras son sostenidas constantemente por la
vida de oración y culto vivida en tantas parroquias, conventos,
monasterios y movimientos laicos. ¡Que este himno de alabanza y
los frutos de vuestro trabajo apostólico sigan creciendo!
Queridos hermanos: La Iglesia en Kenia debe ser siempre fiel a su
misión de instrumento de reconciliación, justicia y paz. Con
fidelidad a todo el patrimonio de la fe y a la enseñanza moral de
la Iglesia fortaleced vuestro compromiso de trabajar con los
líderes, tanto cristianos como no cristianos, en la promoción de
la paz y la justicia en vuestro país a través del diálogo, la
fraternidad y la amistad. De este modo podréis presentar una
denuncia más concorde y valiente contra toda violencia,
especialmente de la cometida en nombre de Dios. Esto dará una
certeza más profunda y consuelo a todos vuestros conciudadanos.
Con vosotros rezo por todos los que fueron asesinados mediante
actos de terror u hostilidad étnica o tribal en Kenia, así como en
otras partes del continente. Pienso, en particular, en los hombres
y mujeres asesinados el Viernes santo en el Garissa University
College. Que sus almas descansen en paz y sus seres queridos
encuentren consuelo, y quienes perpetran tales brutalidades se
arrepientan y busquen la misericordia.
Deseo ofreceros una palabra de aliento en vuestra solicitud
pastoral por la familia. Mientras la Iglesia se prepara para el
Sínodo ordinario dedicado «a los desafíos pastorales de la familia
en el contexto de la evangelización», confío en que sigáis
asistiendo y fortaleciendo a todas las familias que están luchando
a causa de matrimonios rotos, infidelidad, dependencia o
violencia. También os pido que intensifiquéis el ministerio de la
Iglesia en favor de los jóvenes, formándolos para que sean
discípulos capaces de asumir compromisos permanentes y que donen
vida, tanto con el cónyuge en el matrimonio como con el Señor en
el sacerdocio o en la vida consagrada. Enseñad a todos la verdad
salvífica del Evangelio de la vida. Que la belleza, la verdad y la
luz del Evangelio resplandezcan de modo cada vez más luminoso en
el rostro joven y alegre de la Iglesia en Kenia.
En fin, rezo con vosotros para que el inminente Jubileo de la
misericordia sea un tiempo de gran perdón, sanación, conversión y
gracia para toda la Iglesia en Kenia. Que tocados por la
misericordia infinita de Cristo todos los fieles sean signo de la
reconciliación, la justicia y la paz que Dios quiere para vuestro
país y, de hecho, para toda África.
Con estos pensamientos, queridos hermanos obispos, os encomiendo a
todos a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, y con gran
afecto os imparto mi bendición apostólica, que extiendo de buen
grado a todos los amados sacerdotes, religiosos y fieles laicos de
Kenia.

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