VISITA DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LESBOS (GRECIA)
Conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso
a Roma
(Padre Lombardi)
Demos la bienvenida al Santo Padre, que viene para tener con
nosotros una conversación después de este viaje, breve pero muy
intenso. Vuelvo a leer el comunicado que han recibido, de manera
que, si alguien no lo pudo escuchar o recibir en su teléfono,
tenga ahora el texto completo. El Papa desea que sea claro todo su
contenido.
«El Papa ha querido tener un gesto de acogida hacia los
refugiados, trayendo consigo, en su mismo avión, tres familias de
refugiados de Siria, 12 personas en total, de las cuales, 6
menores de edad. Se trata de personas que ya estaban presentes en
los campos de Lesbos antes del acuerdo entre Europa y Turquía. La
iniciativa del Papa se llevó a cabo a través de negociaciones de
la Secretaría de Estado con las competentes autoridades griegas e
italianas. Los miembros de las familias son todos musulmanes. Dos
familias vienen de Damasco, y una de Deir Azzor, que es la zona
ocupada por el Daesh. Sus casas fueron bombardeadas. La acogida y
el mantenimiento de las familias serán asumidos por el Vaticano.
La hospitalidad inicial está garantizada por la Comunidad de San
Egidio».
Ahora damos inmediatamente la palabra a los colegas, pidiéndoles
que se limiten a hacer preguntas pertinentes al viaje, si bien el
Papa, como sabemos, está siempre disponible con nosotros. La
primera es Inés San Martín de “Crux”.
(Papa Francisco)
Antes que nada, quiero darles las gracias por el trabajo de este
día, que ha sido para mí muy fuerte, muy fuerte. Seguramente,
también para ustedes.
Por favor, señora.
(Inés San Martín)
Santo Padre, espero que no le moleste, pero voy a hacerle dos
preguntas sobre dos temas distintos. La primera es específicamente
sobre el viaje. Este viaje se da luego de un acuerdo entre la
Unión Europea y Turquía para tratar de solucionar la cuestión de
los refugiados en Grecia. ¿A usted le parece que es un plan que
puede funcionar o es sólo una cuestión política para tratar de
ganar tiempo y ver qué se hace? La segunda pregunta, si me
permite: Esta mañana usted se encontró con el candidato
presidencial Bernie Sanders de los Estados Unidos, en Santa Marta.
Quería preguntarle su sensación sobre el encuentro y si es su
manera de intervenir en la política norteamericana.
(Santo Padre)
No, ante todo no existe ninguna especulación política porque esos
acuerdos entre Turquía y Grecia yo no los conocía bien. Lo he
visto en los diarios, pero es algo puramente humano [se refiere a
la iniciativa de acoger un grupo de prófugos]. Es un hecho
humanitario. Fue una inspiración que le vino hace una semana a un
colaborador mío. Yo acepté en seguida, en seguida, porque vi que
era el Espíritu quien hablaba. Todo se hizo según las reglas:
estas personas vienen con documentos, los tres gobiernos –el
Estado de la Ciudad del Vaticano, el Gobierno italiano y el
Gobierno griego– han verificado todo, todo, y concedieron el
visado. Los recibe el Vaticano. Será el Vaticano, con la
colaboración de la Comunidad de San Egidio, quien les busque un
empleo, si se encuentra; o, en caso contrario, se encargará de su
sustento. Son huéspedes del Vaticano, y se añaden a las dos
familias sirias que ya han sido acogidas por las dos parroquias
vaticanas. Segundo. Esta mañana, cuando yo salía, allí estaba el
Senador Sanders, que vino al Convenio de la Fundación Centesimus
Annus. Sabía que yo me iba a aquella hora y tuvo la amabilidad de
saludarme. Lo saludé, le di la mano a él, a su mujer y a otra
pareja que estaba con él. Estaban alojados en Santa Marta, porque
todos los miembros del convenio, excepto los dos Presidentes
participantes, que creo se alojaban en sus embajadas, estaban
hospedados en Santa Marta. Y cuando yo bajaba, él se presentó, me
saludó, le di la mano y nada más. Esta es buena educación. Se
llama educación y no meterse en política. Y si alguien piensa que
saludar sea meterse en política, le aconsejaría que mejor se
buscara un psiquiatra.
(Padre Lombardi)
A continuación, la segunda pregunta la hace Franca Giansoldati,
que conoce bien al Papa y que el Papa conoce bien.
(Papa Francisco)
Pero debe prepararse para Armenia.
(Franca Giansoldati)
Gracias, Santidad, usted habla mucho de “acogida”, pero tal vez
muy poco de “integración”. Viendo lo que está sucediendo en
Europa, sobre todo con este consistente flujo de inmigrantes, nos
damos cuenta que hay varias ciudades que tienen barrios-gueto… De
todo esto, emerge claramente que a los inmigrantes musulmanes les
resulta más difícil integrarse a nuestros valores, a los valores
occidentales. Le quisiera preguntar, ¿no sería tal vez más útil
para la integración dar prioridad a la llegada de inmigrantes no
musulmanes? Y luego, ¿por qué usted hoy, con ese gesto tan hermoso
y tan noble, ha favorecido a tres familias todas ellas musulmanas?
(Papa Francisco)
No hice ninguna selección entre cristianos y musulmanes. Estas
tres familias tenían los papeles en regla, los documentos en
regla, y era factible. En la primera lista, por ejemplo, había dos
familias cristianas, pero no tenían los documentos en regla. No se
trata, pues, de un privilegio; estas doce personas son también
hijos de Dios. El “privilegio” es ser hijos de Dios, esto es
verdad. Sobre la integración, es muy inteligente lo que usted dice
y le agradezco que lo haya dicho. Ha mencionado una palabra que,
en nuestra cultura actual, parece haber sido olvidada después de
la segunda guerra mundial. Hoy siguen existiendo guetos. Algunos
de los extremistas que han perpetrado atentados terroristas –
algunos –, son hijos y nietos de personas nacidas en el país, en
Europa. ¿Qué es lo que ha pasado? Que no ha habido ninguna
política de integración, y esto para mí es fundamental; hasta el
punto que usted ve que en la exhortación postsinodal sobre la
familia –aun cuando se trate de otra problemática–, una de las
tres dimensiones pastorales para las familias en dificultad es su
integración en la vida de la Iglesia. Porque a Europa han llegado
muchos nómadas, como los Normandos y mucha otra gente, y los ha
integrado y ha enriquecido su cultura. Creo que tenemos necesidad
de una enseñanza y de una educación a la integración. Gracias.
(Elena Pinardi – European Broadcasting Union)
Santo Padre, se oye hablar de reforzar las fronteras de varios
países europeos, de vigilancia, e incluso de despliegue de
batallones a lo largo de las fronteras de Europa. ¿Es el final de
Schengen y del sueño europeo?
(Papa Francisco)
No lo sé. Entiendo a los gobiernos y también a los pueblos que
tienen un cierto temor. Esto lo comprendo y debemos tener una gran
responsabilidad en la acogida. Uno de los aspectos de dicha
responsabilidad es este: cómo hacer posible integrarnos nosotros y
estas personas. Siempre he dicho que construir muros no es la
solución. En el siglo pasado vimos la caída de uno. No se resuelve
nada. Debemos construir puentes. Pero los puentes se construyen
inteligentemente, se hacen con el diálogo, con la integración. Y
por eso comprendo que haya un cierto temor. Pero cerrar las
fronteras no resuelve nada, porque la clausura, a la larga,
perjudica al propio pueblo. Europa debe elaborar urgentemente
políticas de acogida, de integración, de crecimiento, de trabajo y
de reforma de la economía. Todas estas cosas son los puentes que
nos llevarán a no construir muros. El miedo tiene toda mi
comprensión, pero después de todo lo que he visto –y cambio de
tema, pero quiero decirlo ahora–, y que también ustedes mismos han
visto en ese campo de refugiados, daban ganas de llorar. Los
niños… Traje estos dibujos conmigo para enseñárselos, los niños me
han regalado muchos [el Papa muestra varios dibujos, uno después
del otro, y los comenta] Uno; ¿qué quieren estos niños? Paz,
porque sufren. Allí, en el campo, tienen cursos de educación.
Pero, ¡qué no han visto esos niños! Miren esto: han visto también
ahogarse a un niño. Esto lo llevan en su corazón. Hoy, de verdad,
daban ganas de llorar. Daban ganas de llorar. El mismo tema lo
dibujó también este niño de Afganistán: se ve que la barcaza que
viene de Afganistán regresa a Grecia. Los niños tiene esto en la
memoria. Se necesitará tiempo para que lo elaboren. Miren este
otro dibujo: el sol que observa y llora. Y si el sol es capaz de
llorar, también nosotros lo somos. Nos haría bien una lágrima.
(Fanny Carrier, Agence France Presse)
Buenos días. ¿Por qué no hace usted ninguna diferencia entre
quienes huyen de la guerra y quienes huyen del hambre? ¿Puede
Europa acoger toda la miseria del mundo?
(Papa Francisco)
Es verdad. Hoy dije en mi discurso que “algunos huyen de las
guerras y otros, del hambre”. Ambas situaciones son efecto de la
explotación. También de la explotación de la tierra. Hace más o
menos un mes, un jefe de gobierno de África me decía que la
primera decisión de su gobierno fue la reforestación, porque la
tierra se había muerto por la explotación de los bosques. Hay que
hacer obras buenas con ambas categorías. Porque algunos huyen del
hambre y otros de la guerra. Yo invitaría a los traficantes de
armas –porque las armas, es verdad que hay acuerdos, hasta cierto
punto se fabrican; pero los traficantes, los que trafican para
hacer la guerra en diversas partes, como en Siria, por ejemplo,
¿quién arma a los diversos grupos?– los invitaría a que pasaran un
día en ese campo de refugiados. Creo que sería saludable para
ellos.
(Néstor Pongutá, W Radio Colombia)
Santidad, muy buenas tardes. Esta mañana ha dicho usted algo muy
especial, que nos ha llamado mucho la atención: que éste era un
viaje triste, y ha demostrado con sus palabras que está muy
conmovido. Pero algo debe haber cambiado también en su corazón,
sabiendo que trae doce personas, y que con este pequeño gesto ha
dado una lección a aquellos que a veces voltean la mirada frente a
tanto dolor, a esta Tercera Guerra Mundial en pedazos, que usted
ha denunciado.
(Papa Francisco)
Voy a hacer un plagio y a responder con una frase que no es mía.
La misma cosa le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta. ¿Por
qué tanto esfuerzo, tanto trabajo, sólo para acompañar a las
personas a morir? ¡Eso que usted hace no sirve para nada! El mar
es inmenso. Y ella contestó: sí, es una gota de agua en el mar,
pero después de esa gota, el mar ya no será el mismo. Es un
pequeño gesto. Pero son pequeños gestos los que debemos hacer
todos nosotros, hombres y mujeres, para tender la mano quien lo
necesita.
(Joshua Mc Elwee, National Catholic Reporter)
Gracias Santo Padre. Hemos venido a un país de inmigración, pero
también de política económica de austeridad. ¿Quisiera preguntarle
cuál es su concepto de economía de austeridad? También en lo que
se refiere a otra isla, Puerto Rico. Si tiene usted un concepto
sobre esta política de austeridad.
(Papa Francisco)
La palabra austeridad tiene diferentes significados, según el
punto de vista desde el que se vea: económicamente significa un
capítulo de un programa; políticamente es otra cosa; espiritual y
cristianamente es otra. Cuando yo hablo de austeridad, lo hago en
contraste con el desperdicio. Escuché en la FAO –creo que fue en
una reunión de la FAO– que con la comida desperdiciada se podría
resolver el problema del hambre en el mundo. Y nosotros, en
nuestra casa, cuánto desperdiciamos sin quererlo. Esta es la
cultura del descarte y del desperdicio. Yo hablo de austeridad en
este sentido, en sentido cristiano. Detengámonos aquí y vivamos
más austeramente.
(Francisco Romero, Rome Reports)
Santidad, usted ha dicho que esta crisis de refugiados es la peor
crisis después de la de la Segunda Guerra Mundial. Quisiera
preguntarle ¿Qué piensa usted sobre la crisis de los inmigrantes
que llegan a los Estados Unidos, de México y de otros países de
América Latina?
(Papa Francisco)
Lo mismo. Es lo mismo, porque llegan allí huyendo, sobre todo del
hambre. Se trata del mismo problema. En Ciudad Juárez celebré la
Misa a cien metros, o tal vez menos, de la valla. Del otro lado,
había unos cincuenta Obispo de Estados Unidos y un estadio con
cincuenta mil personas que seguían la Misa en pantallas gigantes.
Del lado mexicano, aquel campo lleno de gente. Pero se trata de
los mismo. Llegan a México, de Centro América. ¿Se acuerda de hace
dos meses? Hubo un conflicto con Nicaragua, porque no quería que
los refugiados transitaran por su territorio. Al final, se
resolvió. Los llevaban en avión al otro país, sin pasar por
Nicaragua. Es un problema mundial. Yo se lo dije a los Obispos
mexicanos. Pedí que se hicieran cargo de los refugiados.
(Francis Rocca, Wall Street Journal)
Gracias, Santo Padre. Veo que ya le hicieron las preguntas sobre
la inmigración que yo tenía en mente. Y usted ha respondido muy
bien. Si me permite, quisiera hacerle una pregunta sobre otro
acontecimiento de los días pasados: su exhortación apostólica.
Como usted bien sabe, después de su publicación ha habido muchas
discusiones sobre uno de los puntos – y se han concentrado
particularmente en este –. Algunos sostienen que no ha cambiado
nada sobre la disciplina que regula el acceso a los sacramentos
para los divorciados que se han vuelto a casar; que la ley y la
praxis, y obviamente también la doctrina, no han sido tocadas.
Otros, en cambio, sostienen que ha cambiado mucho y que hay muchas
nuevas aperturas y posibilidades. Mi pregunta sería: para una
persona, para un católico, ¿hay nuevas posibilidades concretas que
no existían antes de la publicación de la exhortación o no?
(Papa Francisco)
Podría decir que sí, y punto. Pero sería una respuesta muy
simplificada. Les recomiendo que lean la presentación del
documento que hizo el cardenal Schönborn, que es un gran teólogo.
Es miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y conoce
bien la doctrina de la Iglesia. Ahí encontrarça usted la respuesta
a su pregunta. Gracias.
(Guénois, Le Figaro)
Tenía la misma pregunta, pero le hago, en cambio, una pregunta
complementaria: No se ha entendido bien por qué haya puesto usted
en esa famosa nota al pie de página, la nota 351, en la Amoris
Laetitia, lo que concierne a los problemas de los divorciados
vueltos a casar. ¿Por qué una cuestión tan importante se trata en
una pequeña nota al pie de página? ¿Es porque ha previsto
oposición, o porque ha querido que no se le diera mucha
importancia a ese punto?
(Papa Francisco)
Escuche, uno de los últimos Papas, hablando sobre el Concilio,
dijo que había habido dos concilios: el Vaticano II, en la
Basílica de San Pedro, y el otro, el “concilio de los medios de
comunicación”. Cuando convoqué el primer Sínodo, la gran
preocupación de la mayor parte de los medios de comunicación era:
¿podrían recibir la comunión los divorciados que se han vuelto a
casar? Y como yo no soy santo, eso me molestó un poco y también me
dio un poco de tristeza. Porque yo pienso: pero esos medios de
comunicación, que dicen tantas cosas, ¿no se dan cuenta de que no
es ese el problema principal? ¿Acaso no se dan cuenta que la
familia, en todo el mundo, está en crisis? Y la familia es la base
de la sociedad. ¿No se percatan de que los jóvenes no quieren
casarse? ¿No ven que la disminución de la natalidad en Europa es
como para ponerse a llorar? ¿No saben que la falta de trabajo y la
dificultad para encontrarlo obligan a que el padre y la madre
tengan dos empleos, y que los niños crezcan solos, sin aprender a
crecer en diálogo con papá y mamá? Estos son los grandes
problemas. No me recuerdo de esa nota, pero si una cuestión como
la que usted señala está en una nota, es porque fue dicha en la
Evangelii gaudium. Seguro. Debe tratarse de una cita de la
Evangelii gaudium. No recuerdo el número, pero seguro que es así.
(Padre Lombardi)
Gracias Santidad. Nos ha concedido una amplia conversación sobre
temas de este viaje, extendiéndose, también, a la Exhortación. Le
deseamos buen viaje y una fructífera continuación de su obra.
(Papa Francisco)
Les agradezco su compañía. Realmente me siento cómodo con ustedes.
Muchas gracias. Gracias por acompañarme.

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