viernes, 28 de abril de 2017

Hace cuatro años daba una nueva homilía, el Papa Francisco

SANTA MISA Y CONFIRMACIÓN
HOMILÍA DEL   SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza San Pedro
 V Domingo de Pascua, 28 de abril de 2013




Queridos hermanos y hermanas,
 Queridos hermanos que vais a recibir el sacramento de la
confirmación,
 Bienvenidos:
Quisiera proponeros tres simples y breves pensamientos sobre los
que reflexionar.
1. En la segunda lectura hemos escuchado la hermosa visión de san
Juan: un cielo nuevo y una tierra nueva y después la Ciudad Santa
que desciende de Dios. Todo es nuevo, transformado en bien, en
belleza, en verdad; no hay ya lamento, luto… Ésta es la acción del
Espíritu Santo: nos trae la novedad de Dios; viene a nosotros y
hace nuevas todas las cosas, nos cambia. ¡El Espíritu nos cambia!
Y la visión de san Juan nos recuerda que estamos todos en camino
hacia la Jerusalén del cielo, la novedad definitiva para nosotros,
y para toda la realidad, el día feliz en el que podremos ver el
rostro del Señor, ese rostro maravilloso, tan bello del Señor
Jesús. Podremos estar con Él para siempre, en su amor.
Veis, la novedad de Dios no se asemeja a las novedades mundanas,
que son todas provisionales, pasan y siempre se busca algo más. La
novedad que Dios ofrece a nuestra vida es definitiva, y no sólo en
el futuro, cuando estaremos con Él, sino también ahora: Dios está
haciendo todo nuevo, el Espíritu Santo nos transforma
verdaderamente y quiere transformar, contando con nosotros, el
mundo en que vivimos. Abramos la puerta al Espíritu, dejemos que
Él nos guíe, dejemos que la acción continua de Dios nos haga
hombres y mujeres nuevos, animados por el amor de Dios, que el
Espíritu Santo nos concede. Qué hermoso si cada noche, pudiésemos
decir: hoy en la escuela, en casa, en el trabajo, guiado por Dios,
he realizado un gesto de amor hacia un compañero, mis padres, un
anciano. ¡Qué hermoso!
2. Un segundo pensamiento: en la primera lectura Pablo y Bernabé
afirman que «hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios»
(Hch 14,22). El camino de la Iglesia, también nuestro camino
cristiano personal, no es siempre fácil, encontramos dificultades,
tribulación. Seguir al Señor, dejar que su Espíritu transforme
nuestras zonas de sombra, nuestros comportamientos que no son
según Dios, y lave nuestros pecados, es un camino que encuentra
muchos obstáculos, fuera de nosotros, en el mundo, y también
dentro de nosotros, en el corazón. Pero las dificultades, las
tribulaciones, forman parte del camino para llegar a la gloria de
Dios, como para Jesús, que ha sido glorificado en la Cruz; las
encontraremos siempre en la vida. No desanimarse. Tenemos la
fuerza del Espíritu Santo para vencer estas tribulaciones.
3. Y así llego al último punto. Es una invitación que dirijo a los
que se van a confirmar y a todos: permaneced estables en el camino
de la fe con una firme esperanza en el Señor. Aquí está el secreto
de nuestro camino. Él nos da el valor para caminar contra
corriente. Lo estáis oyendo, jóvenes: caminar contra corriente.
Esto hace bien al corazón, pero hay que ser valientes para ir
contra corriente y Él nos da esta fuerza. No habrá dificultades,
tribulaciones, incomprensiones que nos hagan temer si permanecemos
unidos a Dios como los sarmientos están unidos a la vid, si no
perdemos la amistad con Él, si le abrimos cada vez más nuestra
vida. Esto también y sobre todo si nos sentimos pobres, débiles,
pecadores, porque Dios fortalece nuestra debilidad, enriquece
nuestra pobreza, convierte y perdona nuestro pecado. ¡Es tan
misericordioso el Señor! Si acudimos a Él, siempre nos perdona.
Confiemos en la acción de Dios. Con Él podemos hacer cosas grandes
y sentiremos el gozo de ser sus discípulos, sus testigos. Apostad
por los grandes ideales, por las cosas grandes. Los cristianos no
hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Hemos de ir
siempre más allá, hacia las cosas grandes. Jóvenes, poned en juego
vuestra vida por grandes ideales.
Novedad de Dios, tribulaciones en la vida, firmes en el Señor.
Queridos amigos, abramos de par en par la puerta de nuestra vida a
la novedad de Dios que nos concede el Espíritu Santo, para que nos
transforme, nos fortalezca en la tribulación, refuerce nuestra
unión con el Señor, nuestro permanecer firmes en Él: ésta es una
alegría auténtica. Que así sea.

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